martes, 13 de abril de 2021

La Historia De Un Nombre

 Nací con la bendición de un nombre ancestral, marca sabiamente heredada por la mente de mis padres y aunque parezca absurdo, en pleno siglo XXI, que una niña de piel morena y cabello Afro, pueda sufrir de discriminación racial, en un país del Caribe, que respira mar y fuego. Pues, sí, es posible. Tardé años en reconocerme Afro con todo lo que implica serlo. En la escuela lo que nos enseñan sobre mestizaje es muy limitado; muy blanco y negro. Se da a entender a una raza como superior y casi "Divina" y a los negros como simples esclavos; los indígenas pasan casi desapercibidos se les pinta como seres sin criterio a punto de ser rescatados por la raza "superior", y con esto no intento establecerme en una posición política ¡No! Por ahí no van los tiros. Lo que quiero es dejar bien clara una de las tantas raíces del problema racial que tanto miedo nos da asumir como latinos.

En mi infancia se puede decir que en teoría fui una niña feliz, con esa inocencia tan sublime que caracteriza a los primeros años. Recuerdo con cariño que mis travesuras hacían estragos por donde pisaba, era realmente "tremenda" como decimos en mi país; mi gran melena rizada era uno de mis sellos de encanto y una pequeña pesadilla para que mi madre lograra peinarla cada mañana antes de ir a la escuela, tanto que en ocasiones mi padre tenía que ayudarla para lograrlo. Y aquí comienzan las preguntas... ¿Por qué al llegar al colegio observaba a otras niñas con sus doradas cabelleras al viento y porqué yo tenía que peinar la mía? Preguntas así me llegaban muy seguido a la mente y comencé a observar cada día mi entorno... Maestras, alumnas de otros grados, y sí, ¡es verdad! Existía cierto control general para que las niñas llevaran peinados a la escuela (Supuestamente para mantener controlada a la plaga de los piojos) Pero por qué se sentía un énfasis diferente hacia aquellos cuyos cabellos era muy "largos para un Varón", cómo le ocurrió a mi hermano  o hacia una niña de abundantes rizos como los míos. No fue suficiente con la autoridad de dudosa moral de cada colegio al que asistía, sino que también llegó el mensaje de odio a los niños y aquí es donde se pone realmente feo.

 

Llamarme África y no ser de piel tan oscura como para ser considerada negra en mi país, sino más bien "Morenita" como me llamaban ciertas maestras, me hacía una candidata no tan afortunada para el primer lugar en la carrera de insultos y Bullying, y yo que no reconocía mis raíces fui cayendo en un espiral de dolor. La niña risueña se fue... los largos rizos se marchitaron; dañé mi cabello con productos químicos e instrumentos de "belleza" que nos oprimen y llevan a querer buscar aquello que físicamente no tenemos; comencé a odiar mi imagen, no entendía mi piel, mis rasgos, que no eran ni tan negros, ni tan europeos, era una mezcla bastante inusual: Labios, nariz, ojos, cabello... Todo era diferente a lo que veía en la televisión o en el cine y cuando salía una negra y me decían: "Mira es África La Africana" ¡Yo sentía que era realmente algo malo! No entendía ya en ese punto quien era yo. Ahora miro al pasado y después de tanto daño puedo reconocerme, a través de mi espejo sanador: El Teatro, de la música que es la voz de mi alma y del cine que me hizo mirarme de cerca. Poco a poco, fui recolectando experiencias que me llenaron de amor y ahora soy "la negra" como me dicen de cariño mis amigos, y lo admito ser "África, La Negra" es lo más bonito y lo que más me llena de orgullo cada día.


África Salomé. CARACAS VENEZUELA 2020.



Fotografía. Leo Sequera.



 


No hay comentarios:

Publicar un comentario

La Furia de la Pantera

  ¡Fuerte! Resuena en las calles, el grito de la Pantera,  s e levanta luego de estar dormida muchos años,  a bre su boca y sus di...